Pipinas toma su origen con la llegada del Ferrocarril. La dirección de Geodesia de la Provincia de Buenos Aires considera como fecha fundacional el 13 de diciembre de 1913 en base a la autorización´pon dada por el poder ejecutivo de la Nación a la empresa de Ferrocarril de Ensenada y Costa Sud, para librar la prolongación del servicio hasta 25 km al sur de Álvarez Jonte.
El origen del nombre de la Estación terminal del ramal tiene el apodo familiar de dos hermanas de la familia del Dr. Carlos Dhiel. Las niñas se llamaban ambas Josefina y eran apodadas por el plural “Las Pipinas”, siendo este el nombre que se le da a la estación.
Desde sus orígenes, la base de la economía de Pipinas, giraba alrededor de la actividad agropecuaria. A partir de junio de 1938 comienza la instalación de la Fábrica de Portland Corcemar, lo que provoca un cambio importante en lo económico, social y urbanístico de la zona.
El pueblo toma el nombre de la estación a partir de la iniciativa del Sr. Pranasco Hernández que, a raíz de la instalación de la fábrica de cemento “corcemar” se presenta al Ministerio de Obras Públicas el 30 de marzo de 1939 proponiendo la fundación de un pueblo sobre la Estación Pipinas. Esta es aprobada por el Ejecutivo Nacional mediante decreto el 2 de enero de 1941.
Si tenemos que hablar de Pipinas, no podemos dejar de citar la fábrica Corcemar. Esta se instaló en 1938 aprovechando los yacimientos de Conchilla que se utilizaron para producir cemento y cal. Su fundador fue el señor Versini, que apenas llegó al lugar, decidió que ahí se construiría su fábrica. Si vemos las fotos de época, podremos observar la pampa, desierta alrededor de estos pioneros de la industria argentina.
Corcemar fue para Pipinas mucho más que una fábrica que daba empleo a una gran parte del pueblo, sino que fomentaba el crecimiento de las diversas actividades subsidiarias que se desprendían de sus actividades. Corcemar fue para muchos pipinenses su lugar de trabajo, todo aquello que le daba seguridad a su vida, y estabilidad económica y emocional, y fundamentalmente, el lugar que les permitiría poder soñar con un mundo previsible y lleno de sueños para ellos y sus hijos.
La fábrica no solo se ocupaba de la producción, sino que a través de ella, sus empleados podían gozar de múltiples actividades y beneficios, un gran hotel y un club donde podían desarrollar diversos deportes, donde en verano, disfrutaban de una hermosa pileta. Se organizaban salidas a diversos lugares para los hijos de los empleados, colonias de vacaciones. Se editaba un boletín donde todos los empleados y Pipinas misma eran los protagonistas.
No podemos olvidar que Pipina tenía luz eléctrica hasta el año 1969 provista por la usina de la fábrica Corcemar a través de la cooperativa eléctrica, cuya comisión directiva estaba compuesta en su mayoría por empleados de la fábrica.
Con la década del 90 llegó la patria neoliberal y todo aquello a lo que se animaron los militares en lo económico, si se animaron y todo aquello a lo que no se animaron los militares en lo económico, si se animaron los políticos de turno. En 1991, Loma Negra, el principal competidor de Corcemar, adquiere la planta. La señora Fortabat no veía un pueblo, no veía personas, solo veía algo que debía destruir. Tras 10 años, en 2001, con la recesión, bajó la producción, la empresa quiebra y cierra la planta.
El cierre de la fábrica, en la cual no intervino el Estado, pese a ser la principal fuente de trabajo del pueblo, trajo consigo la tragedia, el desarraigo interno y externo, el desempleo, la separación de familias, la desolación y la muerte de los sueños.